Mi piel arrugada, gastada por los años, me recuerda cada vez mas a menudo que la niña que sigue viviendo dentro de mi lleva consumido un largo camino.
Con tan solo 14 años te conocí y has sido el único hombre, contigo he descubierto todo lo que se y siento.
Ahora sí, se puede decir, toda una vida juntos. Que curiosa y banal es nuestra existencia. Recuerdo el día que nos presentaron, era verano -no podía ser de otro modo, como buen amor adolescente siempre sucede en verano-, llegaste a casa de Oscar donde pasabais las tardes jugando, mientras su madre y la mía que eran compañeras de trabajo, a parte de compartir la tragedia de ser abandonadas por el marido, hacían horas extras en los grandes almacenes del centro para salir adelante. Tú lo tenias peor, pero nunca dijiste nada, nunca una mala cara, jamás perdiste la sonrisa y el buen humor, me hacías reír tanto... Aunque no te lo confesé hasta muchos años después me ganaste muy rápido. Vivías tu propio drama, los problemas en tu casa de los que me fui enterando con el tiempo, te hicieron fuerte.
Ese niño de 14 años que parece que todavía lo estoy viendo ante mi, con ese aspecto desgarbado que te hacía tan gracioso, tu eterna sonrisa, de intermitente timidez e intermitente descaro
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